Bansky, "Girl with Balloon", 2014.





    En una concurrida casa de subastas, hace unos años, se llevó a cabo la subasta de la obra “Girl with Balloon” del artista conocido como Bansky, y justo cuando el subastador golpea con su mazo la mesa, adjudicando la obra por más de un millón de dólares… (es momento de ver el vídeo).

 


    Imagino que muchos de los que estáis leyendo estas palabras ya conocéis la performance que preparó Bansky para su obra, pero merece la pena volver a ver las imágenes.

    Del artista podemos decir poco, pues no sabemos ni su verdadera identidad, solo que es un grafitero de Reino Unido al que le gusta la crítica social. Sus grafitis pueden verse en diferentes partes del mundo, con imágenes claramente reconocibles pero con un toque que está claramente fuera de contexto y que busca descolocar al espectador. Pero no se trata solo de descuadrarnos, lo que busca el artista es dar un nuevo significado a esas imágenes que ya forman parte de nuestra memoria, para transmitir una crítica tan sutil como mordaz.

    Y, como no podía ser de otra manera en un activista de la crítica social, a Bansky no le gusta nada el mundo del mercado del arte, no busca enriquecerse con sus obras y es algo que deja patente en esta performance. El propio artista ha confesado que fue él quien instaló el mecanismo de autodestrucción en la obra hace años, y que pensaba activarlo en el caso de que fuera subastada, tal y como hizo. La explicación que dio fue breve, sus palabras fueron “El impulso de destruir es también un impulso creativo” de M. Bakunin (conocido anarquista).

 

    Pero, igual que le pasó a Duchamp con su “Fuente”, Bansky consiguió el efecto contrario, pues su obra destruida acabó vendiéndose por más del doble del precio por el que había sido vendida antes de destruirse. Aun así, el artista consiguió que su mensaje fuera escuchado, entró el mismo epicentro del mundo del mercado del arte y consiguió cortar la respiración de todos los asistentes.

     Todos los que hemos visto las imágenes del momento de la autodestrucción nos hemos echado las manos a la cabeza, unos alarmados, pensando en la destrucción de un objeto valioso (más de un millón de dólares) y otros admirados por el gran golpe en la mesa que consiguió dar Bansky con un gesto que, a priori, puede parecer tan contrario al arte: la destrucción.


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